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Mons. Varden llama a la Curia Romana a emprender un “éxodo cuaresmal del egocentrismo y el orgullo”

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El monje trapense y Obispo de Trondheim (Noruega), Mons. Erik Varden, instó a emprender “un éxodo cuaresmal del egocentrismo y el orgullo”, en la segunda meditación de los ejercicios espirituales que dirigió este lunes ante el Papa León XIV y la Curia romana en la Capilla Paulina.

El ciclo de meditaciones —que arrancaron este domingo— lleva por título Iluminados por una gloria oculta y tiene como fuente espiritual a San Bernardo de Claraval (1090-1153), un soldado y asceta, consejero de príncipes y director de almas, fundador de monasterios y mediador en conflictos políticos. 

Mons. Varden presentó la figura de este monje —que con apenas 25 años fue nombrado abad de Claraval— como modelo para un itinerario cuaresmal de conversión. 

La enseñanza de San Bernardo sobre la conversión nace, según explicó el prelado noruego, “de la lucha personal, al aprender a no dar por sentado que su camino es siempre el correcto”. 

Se trata de un aprendizaje forjado “por la experiencia, las heridas y las provocaciones”, que llevan a cuestionar la propia presunción y a maravillarse ante “la justicia misericordiosa de Dios”, aseveró.

De este modo, explicó que el santo medieval es “un excelente compañero para cualquiera que emprenda un éxodo cuaresmal del egocentrismo y el orgullo”, decidido a buscar la verdad sobre sí mismo “con la mirada fija en el amor de Dios que todo lo ilumina”.

Innovación y reforma en el siglo XII

El obispo recordó que San Bernardo destacó en el siglo XII por su extraordinario carisma y su capacidad de trabajo. Cuando el monasterio del Císter, fundado por Roberto de Molesme en 1098, apenas comenzaba a consolidarse, Bernardo decidió ingresar en él pese a la oposición familiar. 

No solo perseveró en su propósito, sino que convenció a una treintena de parientes y amigos para que le acompañaran. Aquella oleada de vocaciones supuso un impulso decisivo para la naciente reforma cisterciense a la que pertenece Mons. Varden.

“Fue tanto una innovación como una reforma”, explicó Mons.Varden. Los fundadores llamaron a su casa novum monasterium, un proyecto que “no nació como reacción contra algo o alguien”. “Menos mal, porque los proyectos meramente reaccionarios, tarde o temprano, acaban en nada”, constató en este sentido.

No usar el Evangelio como «arma política»

Durante la primera jornada de los ejercicios espirituales de ayer domingo el obispo también instó a los cristianos a resistirse a utilizar el Evangelio como arma política y a medir la fe auténtica por la fidelidad a Cristo y por la paz que encarnan los creyentes.

“La fidelidad al ejemplo y los mandamientos de Cristo es el sello distintivo de la sinceridad cristiana”, afirmó Mons. Varden en su primera meditación, pronunciada en la Capilla Paulina durante el retiro para el Papa León XIV y los miembros de la Curia.

“El alcance de la paz que encarnamos —esa paz señalada que el mundo no puede dar— indica la presencia permanente de Jesús en nosotros”, continuó. “Debemos insistir en esto ahora, cuando el Evangelio se utiliza a veces como arma en las guerras culturales”, detalló.

Mons. Varden pidió a los cristianos que se opongan a “las instrumentalizaciones del lenguaje y los signos cristianos”, no solo con indignación, sino enseñando cómo es la verdadera lucha espiritual.

“Las instrumentalizaciones del lenguaje y los signos cristianos deben ser cuestionadas, no solo con una pálida indignación, sino enseñando los términos de la auténtica guerra espiritual”, dijo. “Porque la paz cristiana no es una promesa de facilidad, sino una condición para la transformación de la sociedad”, agregó.

En la misma meditación, Mons. Varden señaló la ira como un peligro espiritual, citando a San Juan Clímaco: “No hay mayor obstáculo para la presencia del Espíritu en nosotros que la ira”.

También reflexionó sobre la disciplina cuaresmal de la Iglesia como un “programa” marcado por la claridad y la paz.

Según señaló, la Cuaresma “nos enfrenta a lo esencial”, eliminando las distracciones e invitando a “una abstinencia de los sentidos”, al tiempo que sigue llamando a los creyentes a luchar contra los vicios y las pasiones dañinas con un sencillo “sí, sí” y “no, no”.

Mons. Varden señaló que la liturgia de la Iglesia marca ese tono desde el comienzo de la Cuaresma, señalando el canto tradicional del Salmo 90 (91), Qui habitat, que se canta el primer domingo de Cuaresma, cuando el Evangelio relata la tentación de Cristo en el desierto.

De ateo a obispo

Nacido en 1974, Erik Varden presenta un perfil poco habitual entre los predicadores de los ejercicios de la Curia. Él mismo ha relatado en diversas ocasiones su itinerario personal desde el ateísmo hasta la fe cristiana, un camino que culminó con su ingreso en la Orden del Císter tras su formación en las islas británicas. Años después regresó a su país natal, donde fue nombrado obispo de Trondheim.

A su trayectoria monástica se suma una reconocida faceta pública como escritor de espiritualidad.

Sus obras han alcanzado una amplia difusión internacional, entre ellas Sobre la conversión cristiana: entrar en el doble misterio, en la que invita a reorientar la vida hacia Dios atravesando el dolor y el gozo humano, o Heridas que sanan, en la que combina reflexión teológica y experiencia personal. Este estilo, caracterizado por el diálogo con el hombre contemporáneo, es una de las razones por las que su designación ha despertado interés en ámbitos eclesiales.

ACI PRENSA