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La cédula profesional se despide de las ventanillas de trámites

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El documento que por décadas sirvió como identificación alternativa vuelve a su propósito original: acreditar el conocimiento, no la identidad.

La verdad es que muchos de nosotros guardábamos la cédula profesional en la cartera como una suerte de «seguro de vida» contra el extravío de la credencial de elector. Era ese documento elegante que, en bancos o notarías, nos permitía decir con orgullo: «aquí está mi identidad y mi carrera». Sin embargo, este febrero de 2026 marca el fin de esa costumbre. Por disposición oficial de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y tras diversas actualizaciones normativas publicadas en el Diario Oficial de la Federación, la cédula profesional ha dejado de ser reconocida como una identificación oficial en México.
Es por ello que, si usted tiene pensado abrir una cuenta bancaria o realizar un trámite ante el SAT próximamente, más vale que lleve consigo su INE o su pasaporte. Y es que, como bien señala una reciente nota de El Economista, esta medida no es un capricho burocrático, sino parte de una transición profunda hacia la CURP Biométrica. El objetivo del Gobierno Federal es claro: separar la acreditación del grado académico de la función de identidad civil. La cédula sirve para trabajar; la identidad ahora tiene una sola fuente universal.
Resulta curioso, y quizás un poco nostálgico, ver cómo este cambio responde a la propia evolución tecnológica del documento. Desde 2018, las cédulas electrónicas dejaron de portar fotografía y firma autógrafa, convirtiéndose en códigos QR que validan estudios en segundos. No obstante, la ausencia de estos rasgos físicos dificultaba su uso como identificación visual. Al respecto, la Suprema Corte de Justicia de la Nación aclaró recientemente que, si bien la cédula digital tiene plena eficacia legal para demostrar que alguien es médico o ingeniero, no está diseñada para «identificar a la persona» en el sentido más amplio de la ley.
Para el profesionista promedio, este ajuste puede sentirse como un trámite más, pero en realidad simplifica las reglas del juego. De acuerdo con información de El Universal, la intención es eliminar la ambigüedad que permitía a cada institución decidir qué documentos aceptar y cuáles no. Ahora, con la implementación de la nueva Ley General de Población, la CURP con datos biométricos —que incluye escaneo de iris y huellas— se perfila como el eje de nuestra vida digital.
La realidad es que la cédula profesional vuelve a su origen: el de ser una patente. Es el documento que garantiza que alguien se quemó las pestañas estudiando y que el Estado lo faculta para ejercer. Perder su carácter de identificación oficial no le quita brillo a la carrera de nadie; simplemente pone orden en un sistema de identidad que, hasta hace poco, era un mosaico de credenciales dispersas.
Al final del día, lo que estamos viviendo es la construcción de una identidad digital más robusta. Aunque extrañaremos la practicidad de usar «la del título» para identificarnos, la verdad es que avanzar hacia un sistema donde un solo registro biométrico nos de acceso a todo, es un paso necesario hacia la modernidad. Así que, la próxima vez que le pidan una identificación oficial, recuerde que su título profesional es para presumir sus logros, pero su identidad ahora viaja por canales más tecnológicos.